
Identificación de normativas aplicables: El auditor debe identificar las normativas relevantes que la organización debe cumplir. Estas pueden incluir leyes locales, regulaciones sectoriales, normas internacionales, políticas corporativas, entre otras.
Evaluación de cumplimiento: Se evalúa si la organización está cumpliendo con las normativas identificadas. Esto implica revisar políticas documentadas, registros y prácticas operativas para asegurarse de que están alineadas con los requisitos legales y regulatorios.
Riesgos de no cumplimiento: Se deben identificar los riesgos asociados con el incumplimiento de las normativas. Estos pueden incluir sanciones legales, multas, pérdida de licencias comerciales, daños a la reputación y otras consecuencias negativas.
Documentación y evidencia: El auditor debe recopilar evidencia adecuada que respalde las conclusiones sobre el cumplimiento. Esto puede incluir revisiones de documentos, entrevistas con empleados clave, revisión de registros financieros, entre otros.
Comunicación de hallazgos: Una vez completada la auditoría, se comunican los hallazgos sobre el cumplimiento de normativas a la dirección y a otras partes interesadas pertinentes. Esto puede incluir recomendaciones para mejorar el cumplimiento y reducir riesgos.
Seguimiento y revisión: Es importante que la organización implemente medidas correctivas para abordar cualquier deficiencia identificada en el cumplimiento de normativas. Además, se puede realizar un seguimiento periódico para asegurarse de que las mejoras sean efectivas y sostenibles.